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    Universidad cristiana cambió mi vida

    La universidad desató mi marcha espiritual y me guió a una fe más profunda.

    Tara Ryan Walker

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    christian college changed my life for the betterEs muy común escuchar a las personas hablar de sus años universitarios como tiempos de experiencias que transforman la vida. La universidad es el tiempo cuando las personas por primera vez viven fuera del hogar y dan grandes pasos con el fin de descubrir quienes son. Ese fue el caso conmigo.

    Cuando me gradué de la universidad Hannibal-LaGrange de Missouri, yo era una persona muy diferente de lo que era cuando primero pisé ese campus. La mayor parte de los cambios mayores en mi vida se deben a oportunidades específicas que encontré en una universidad Cristiana.

    Hay muchas diferencias en la Tara pre-universitaria y la post-universitaria. Aquí se encuentran tres de ellas:

    Entender la Palabra

    Cuando empecé la universidad, yo era una bebé en Cristo. Mi conocimiento de la Biblia era muy limitado. Trataba de leer la Biblia, pero simplemente no la entendía. Pensaba que el Antiguo Testamento era especialmente confuso. No entendía todas esas leyes, rituales y sacrificios. No veía cómo todo eso se aplicaba a mi situación.

    Porque no entendía la Biblia, no tenía interés ni en siquiera tratar de entenderla. Sin embargo, el estudio del Antiguo Testamento era un curso general requerido en Hannibal-LaGrange. Nunca hubiera tomado ese curso por iniciativa propia, pero me abrió los ojos.

    Empecé a entender que Dios instituyó las leyes y los rituales para mostrar su santidad a la gente. Otros cursos hicieron que la Palabra de Dios tomara vida en maneras que jamás hubiera descubierto por mi misma. Cuando llegué a mis últimos dos años universitarios pude tomar cursos en estudios bíblicos analíticos y usé recursos como diccionarios y comentarios de la Biblia. Mis profesores me retaron a ir más allá de la superficie y a buscar el significado más profundo del pasaje. Y lo maravilloso fue que: ¡Aprendí cómo hacerlo!

    La Tara post-universitaria se gozaba en leer la Palabra de Dios—y Dios me dio un hambre de leer más. Ahora, cuando experimento luchas o necesito dirección de Dios, se dónde buscar guía y cómo tomar el significado de las Escrituras. Entiendo cómo la Biblia se conecta con mi diario vivir. No es un antiguo libro con ideas difíciles de entender—es una luz viva.

    Una cosmovisión más grande

    La Tara pre-universitaria estaba muy bien salvaguardada. Crecí en una comunidad agrícola en una zona rural de Illinois donde no traté con personas de trasfondos, cosmovisiones, etnias, o creencias diferentes de las mías. Todo mundo era muy similar y yo me sentía cómoda en esta “burbuja.” Todo eso cambió el día que empecé la universidad.

    Nunca antes me había encontrado rodeada por personas de tantos trasfondos diferentes. Estudiaba álgebra con un estudiante de Zimbabue. En la clase de literatura una de mis amigas era de Panamá. Conocí otros estudiantes del Caribe, del Canadá y de casi todos los estados del país. Habíamos tenido diferentes experiencias, teníamos diferentes perspectivas del mundo y, si, también teníamos diferentes acentos.

    Hubiera podido experimentar esta diversidad en una universidad pública, pero en una escuela cristiana había una diferencia: Estas personas compartían mi fe. El darme cuenta de esto fue algo extraordinario, pero también fue un reto. Tuve que abandonar cualquier noción preconcebida o mal entendido sobre otras culturas. Tuve que entender que no todos los cristianos tienen la misma perspectiva política o la misma interpretación de las Escrituras y doctrina. Por primera vez, verdaderamente entendí 1 de Corintios 12:12-13: “De hecho, aunque el cuerpo es uno solo, tiene muchos miembros, y todos los miembros, no obstante ser muchos, forman un solo cuerpo. Así sucede con Cristo. Todos fuimos bautizados por un solo Espíritu para constituir un solo cuerpo —ya seamos judíos o gentiles, esclavos o libres—, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (NVI).