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    Hacer el cambio de la preparatoria a la Universidad

    Cuatro cosas que puedes hacer para hacer una transición con éxito a la universidad.

    Alex Chediak

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    Sam se levantó, me entregó su examen, y salió con una sonrisa relajada. Le eché un vistazo a su examen—había contestado perfectamente todas las preguntan, un 100% limpiecito.

    Me pregunté lo qué sus compañeros pensarían si supieran que Sam había hecho garras el examen. La mayor parte estarían celosos, quizás hasta enojados. ¿Por qué debe ser todo tan fácil para Sam y no para ellos? Pero, después de todo, Sam era un estudiante en el programa de honores—estudiaba en la universidad con una beca académica de cuatro años que cubría todos sus gastos—por supuesto que todo le venía muy fácil a él. En el momento que se dieran cuenta de eso, la mayor parte de sus compañeros entenderían. Por cierto, esperarían que siempre sacará los mejores grados y que continuara así hasta llegar a hacer grandes cosas en su vida.

    Les sorprendería saber que un año más tarde Sam estaría en período de prueba académica, y que un semestre después de eso, sería expulsado por bajos grados.

    ¿Cómo?

    No sucedió de la noche a la mañana. Primero, la puntualidad de Sam empezó a decaer. Unas cuantas marcas por haber llegado tarde se convirtieron en ausencias. Luego llegó veinte minutos tarde a un examen, aunque como quiera logró sacar una B-. Semanas más tarde estaba sacando Cs. El siguiente semestre ya casi no venía a clase y sus grados cayeron a Ds.

    Lo que sucedió fue que Sam se había convertido en el campeón de los juegos de video en su dormitorio. Jugar y ver películas lo mantenían despierto la mayor parte de las noches. Lo que había sido un escape saludable se había hinchado de tal manera que ahora dominaba su vida, haciéndole difícil hasta despertar para ir a las clases. El poco sueño, el poco descanso—y los malos grados descendieron sobre Sam como ladrones, y el período de prueba académica como un hombre armado (Proverbios 6:10-11).

    La universidad no es como la preparatoria. Ajustarse a la diferencia puede ser difícil. Aún los mejores estudiantes pueden tener tiempos difíciles—los estudios siempre han sido algo fácil, así que no saben qué hacer cuando se vuelven difíciles. Pero hay cosas que puedes hacer para navegar los desafíos. Vamos a ver cuatro áreas que debes maniobrar bien para poder hacer una transición exitosa de la preparatoria a la universidad: (1) el sueño; (2) la carga de trabajo; (3) la vida pre-universitaria; y (4) el escoger amigos.

    1. El sueño

    ¿Cuándo fue la última vez que viviste con un montón de muchachos o muchachas de tu edad? ¿Quizás una semana en el campamento de verano o durante un retiro juvenil de fin de semana? ¿Había un reglamento estricto sobre la hora en que se tenían que apagar las luces y dejar de hablar? ¿O te las ingeniabas para sobrevivir con cuatro horas de sueño cada noche, y al llegar a casa te desplomabas? Aunque ese horario puede que funcione por unos cuantos días, no va a funcionar por un semestre de quince semanas de longitud.

    Tu nivel de lucidez mental tiene un efecto directo en lo que vas a aprender y en tu promedio de grados (GPA, por sus siglas en inglés). Mientras que la universidad puede y debe ser un tiempo de bastante diversión, no es principalmente asunto de diversión; es sobre aprender y crecer, sobre prepararte para tu futuro y maximizar los talentos que Dios te ha dado. Los buenos tiempo de diversión y de descanso de los estudios son con el fin de refrescarte para que regreses a tu tarea, no para distraerte de tu tarea. Nadie te va a decir a qué hora apagues tu PlayStation o digas no a otra película ya tarde en la noche. Si vives como si siempre estuvieras en fiesta de pijamas, no la vas a hacer en la universidad.

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