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    Buen estudiante. Mal ACT.

    ¿Mi bajo grado en el examen irá a impedirme entrar a mi escuela preferida?

    Amy Adair

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    Me senté al borde de mi silla y abrí nerviosamente el largo sobre blanco que contenía los resultados de mi examen del ACT (por sus siglas en inglés). Se me hundió el corazón. ¡Guau! yo esperaba un puntaje más alto.

    Era el otoño de mi último año de preparatoria—tiempo de aplicar a la universidad—y yo era un estudiante con grados de A durante todos mis estudios pero con un grado desastroso en el ACT. En mi corazón añoraba asistir a Calvin College en Grand Rapids, Michigan. Ahora estaba segura que mi puntaje en el ACT era demasiado bajo y que nunca me iban a aceptar. Así que tomé el ACT dos veces más … ¡y saqué un puntaje todavía más bajo! ¿Qué estaba haciendo mal? Había orado, había tratado de relajarme, me concentré—hasta estudié las notas de mis clases. Nada ayudó.

    En octubre me di cuenta que se me estaba acabando el tiempo. Mi consejero académico me rogó que sólo mandará mi aplicación. “Eres buena estudiante con buenos grados,” me aseguró. “Quizás consideren eso en la decisión que tomen.”

    Yo no estaba tan segura.

    Al igual que yo, muchos estudiantes de preparatoria luchan con puntajes bajos en el ACT o el SAT. Y nos guste o no, el puntaje en los exámenes es uno de los criterios principales que las escuelas usan para hacer sus decisiones de admisión. Pero hay buenas noticias también—las universidades no escogen a un estudiante basándose solamente en los resultados de los exámenes. Los comités de admisiones analizan un número de factores también.

    Buenos grados en clases desafiantes

    Los grados de la preparatoria juegan un papel importante. “Cuando el puntaje del examen no concuerda con el grado promedio escolar (GPA, por sus siglas en inglés), tratamos de ver con mayor cuidado los grados y las clases que el estudiante ha tomado,” dice un consejero de admisiones. “Si los grados son bastante altos, entonces nos damos cuenta que quizás el estudiante simplemente no hace buen trabajo en exámenes estandarizados.”

    La dificultad de las clases que tomaste puede también mejorar tu aplicación. Buenos grados no llevan el mismo peso si se sacaron en clases como boliche, economía hogareña, o matemática elemental. Grades en cursos avanzados (AP, por sus siglas en inglés) como inglés, historia y biología son los que cuentan. Sacar buenos grados en cursos demandantes comprueba que eres capaz de hacer buen trabajo a nivel universitario.

    Así que los consejeros de admisiones comparan grados y puntaje en los exámenes para ayudarles a decidir si un estudiante tiene el potencial para tener éxito. Si mi promedio de grados (GPA) hubiera sido menos del 2.5, el comité de admisiones hubiera asumido que mi bajo puntaje en el ACT era un indicador contundente de cómo me desempeñaría en la universidad. Una combinación de grados mediocres y un puntaje bajo en el ACT puede debilitar significativamente una aplicación.

    Cartas de recomendación

    Los consejeros de admisiones encuentran de gran valor las cartas de recomendación. Y sí importa quién escribe las cartas recomendándote, así que escoge con sabiduría. Escoge a alguien que piensas que impresionará al personal de admisiones. Por ejemplo, pídele a tu líder de jóvenes que te ha conocido por tres o cuatro años, en lugar de pedírselo al pastor quien a duras penas recuerda tu nombre.

    En mi caso, se lo pedí a mi maestra favorita. Había sacado un montón de As en sus clases, así que ella sabía la calidad de mi trabajo y podía explicar que no tomaba buenos exámenes. Su carta le ayudó al comité de admisiones de Calvin a entender que el puntaje en mi ACT no representaba lo que yo podía hacer.